Nací y fui criado en una gran población de mi país, por lo tanto, estoy muy acostumbrado al bullicio y al ajetreo característico de una ciudad.
Mis viajes a zonas rurales son muy poco frecuentes, pero siempre traen consigo muchas anécdotas, y sobretodo, enseñanzas sobre la vida, que en muchas ocasiones, confrontan mis ideas y la cotidianidad del día a día.
Confieso que siempre que me alejo de mi ciudad hacia esas zonas un poco menos pobladas, sea en el campo o en la montaña, me hago la constante reflexión, sobre sí seria capaz de mudarme a un sitio así. No importa cuantas veces lo piense, siempre existe dentro de mi una negativa al respecto, aunque el campo no me es ajeno, ya que una gran parte de mis raíces se encuentra en dichos lugares.
Lo que pasa conmigo, estoy seguro le sucede a muchos, quienes como yo, están acostumbrados a la vida de ciudad, y el solo hecho de movernos de nuestra zona de confort, hacia un lugar totalmente nuevo y diferente, tiende a ser una difícil decisión.
Por supuesto, sé que por los momentos, por cuestiones de trabajo estoy amarrado a la ciudad donde vivo (no es excusa), y que todas mis actividades las desarrollo en ella, pero no descarto los designios de Dios, porque quizás en algún momento deba dar ese paso, sin embargo, por ahora no está planteado.
Lo que me llama mucho la atención de las áreas rurales, a parte del clima o del contacto directo con la naturaleza, es la vida sencilla y sin complicaciones que tiene la gente que allí habita.
No significa que no tengan problemas, o que no existan necesidades entre ellos sin solventar. Lo curioso es que, a pesar de que en muchos casos, carezcan de servicios básicos o importantes que nosotros en la ciudad si tenemos, ellos al parecer, viven mas tranquilos, y sin tantas complicaciones.
¿Es que acaso en el campo o la montaña se vive mejor? Yo no soy el indicado ni para afirmarlo ni mucho menos negarlo, lo que sí se, es que con todo y el confort que podamos tener en cualquier parte en donde estemos, vivimos vidas muy complicadas, llenas de demasiadas exigencias.
Tomando esto último como punto de reflexión, y cotejándolo con lo que actualmente estamos padeciendo como sociedad, creo que dentro de todo lo positivo que la presente situación nos ha traído, es precisamente el hecho de que por los momentos, estamos obligados a asumir un estilo de vida más simple, dándole importancia hoy a lo que realmente la tiene.
A causa del confinamiento, hemos cedido algunos privilegios en pro de nuestra salud y seguridad. Incluso, algunas cosas tan triviales como la etiqueta al vestir o las posiciones sociales, han quedado relegadas a un plano completamente inferior, revitalizando en mucho, valores un poco descuidados como lo es la convivencia familiar.
¿Qué cosas a tu parecer se han vuelto menos importantes para ti en esta situación? ¿Cuáles cosas ahora tienen mayor valor para ti?
Con pandemia o no, a mi parecer, estamos en un momento crucial de nuestras existencias, donde se nos da la oportunidad de evaluar, el tipo de vida que hemos llevado hasta el momento, y a la vez, se nos permite visionar, el nuevo curso que le daremos a ésta, partiendo de lo que haremos desde ahora.
Es un mal de los seres humanos, el complicar todas las situaciones que se nos presentan. Al parecer, lo sencillo y simple nos trae un tipo de frustración o desdén, que hace imposible que disfrutemos de muchos momentos especiales en nuestras vidas.
Un claro ejemplo de eso, es ir de paseo a la playa. Parece mentira la cantidad de cosas innecesarias que solemos meter en la maleta de nuestro vehiculo, para simplemente disfrutar de un día de sol y mar. Esto es más evidente cuando somos padres primerizos. No obstante, con todo el ajuar del niño (son como 6 cambios de ropa mínimo por muchacho), también queremos llevarnos el coche (carriola) y una cuna portátil, por si el niño tiene sueño.
Pregunto: ¿No era suficiente alguno de los dos implementos? Como cualquier padre experimentado sabe, lo más probable es que no hacía falta ninguno.
¿Cuántas discusiones innecesarias se generan al respecto? Vivimos vidas complicadas, simple y llanamente porque así lo hemos deseado.
Otro ejemplo muy personal, es lo que he vivido con mi hijo menor, cuando me pide que lo lleve a jugar al parque. Inmediatamente, en mi mente, se activa una falsa creencia acerca del juego, que me impulsa a pensar que debo correr y saltar con él, por lo tanto, la idea de acompañarlo no me es nada agradable, debido a que mi hijo tiene mucha energía, y es difícil llevarle el paso.
Me ha tocado aprender que sus juegos con papá, no se limitan a que yo iguale su carga energética. A veces él solo quiere que esté allí, que lo vitoree en sus juegos, que le diga que es "el ser mas rápido del mundo", y que de vez en cuando, me tire con él al piso y deje que me demuestre cuan fuerte es.
¿Qué tan complicado puede ser eso? Si lo vemos bien, lo que significa para nosotros algo estresante, termina siendo la mejor forma de relajarse y disfrutar de un buen momento.
La vida es más sencilla de lo que nosotros pensamos. Los complicados somos nosotros.
Parte de nuestra gran falla como seres humanos, se relaciona con las falsas expectativas que tenemos acerca de todo. Tenemos expectativas totalmente desenfocadas de lo que realmente necesitamos.
En el plano material, muchos nos afanamos por tener erróneamente una casa grande, un carro último moderno, un celular de última generación, etc. No es que tener esas cosas sea malo o bueno, el asunto es que antes, existen otras que tienen más valor, y que a la larga, son las que realmente importan.
¿De que vale tener una casa grande, si no hay con quien compartirla? Lo que en verdad todos necesitamos es un hogar, un lugar donde pertenecer, y eso lo produce la gente, no las paredes.
Eso es una muestra evidente de lo que significa buscar algo, desenfocados completamente de lo que realmente necesitamos.
Es grandioso tener un lugar donde vivir, pero lo es aún más, pertenecer a una familia, no importa si esta es producto de la casualidad o de tus elecciones.
Estar contentos con lo que tenemos, es un reflejo de una vida sencilla.
Tal y como lo dice el texto de la lámina, existen dos (2) necesidades básicas desde el punto de vista natural, que en la mente de una persona son importantes para vivir sin complicaciones: el sustento y el abrigo.
Aunque el texto nos sugiera esa idea, cuando hablamos de sustento y abrigo, no podemos limitarnos a la representación física de estas palabras. Sustento es más que comida, así como abrigo es más que vestido.
En el idioma original en el que fue escrita la Biblia, el sustento implica la provisión del alimento, en virtud del área a la que se aplica, es decir, comida para alimentar el cuerpo, sabiduría para la mente e inspiración para el espíritu.
En el contexto oriental, lo que una persona necesita para vivir, es que se le provea de aquello que sirva para fortalecer cada área de su ser. De allí, que el sustento va ligado no solo al cuerpo, sino también al intelecto y a su espiritualidad.
Por otro lado, el abrigo representa la protección, el cuidado y esa sensación particular que vincula a la persona con un lugar o grupo, es decir, sentido de pertenencia. Está ligado al concepto de hogar y familia, por lo cual, involucra todas las necesidades afectivas.
Si analizamos correctamente lo antes expuesto, nos encontraremos, una verdad inquebrantable. Solo necesitamos estas dos cosas para vivir, y todo lo demás es accesorio y muchas veces innecesario.
Hoy en día, en el marco de esta pandemia, hay un auge increíble en la búsqueda del conocimiento espiritual, así como, la tendencia de conectarse con otros seres humanos vía las redes sociales. Nuestras necesidades intrínsecas de conocimiento (intelectual y espiritual) y de vinculación, siempre buscarán el camino para satisfacerse, nuestra mente consciente solo decide cual es el medio.
Solemos erróneamente buscar en lo material, la solución a nuestras necesidades de sustento y abrigo. Lo material, es solo una imagen física que intenta suplir dichas necesidades, pero nunca jamás podrá satisfacerlas, por eso, es que hay mucha gente infeliz, a pesar de tener dinero en abundancia.
Somos infelices porque vivimos una vida, que debiendo ser sencilla, se ha complicado por causa de las falsas expectativas que tenemos de ella.
Aunque parezca fácil de escribir o decir, estoy consciente de que no es tan sencillo de aplicar.
Por eso estoy convencido, que eventos como los que vivimos hoy en día, son necesarios, para que podamos rescatar el verdadero sentido de nuestra vida, y aprender a vivir mas pausadamente y con mayor intensidad.
En días recientes, me tocó recorrer a pie, un camino que acostumbraba hacerlo en vehiculo, y pude detallar muchas cosas que no habría visto de otro modo. Vivimos vidas tan aceleradas, que no nos permiten disfrutar de lo que tenemos frente a nosotros.
Contrario a lo que nuestra sociedad nos impone, la mejor manera de vivir y disfrutarlo al mismo tiempo, es hacerlo con sencillez, y esta solo se puede apreciar si aprendemos a quitar el pie del acelerador.
Creo en el trabajo, y estoy mas que convencido de que para obtener algunas cosas en la vida (no solo lo material), hay que hacer un esfuerzo. En lo que no estoy de acuerdo, es que nos esforcemos tanto en alcanzarlo, que en el proceso, nos desenfoquemos de lo que en realidad necesitamos.
Lo que en verdad necesito, casi nunca esta relacionado con lo que ando buscando.
Esta desconexión entre lo "buscado" y lo "necesitado", está muy relacionada con nuestras expectativas de la vida.
En mi país se ha dado un fenómeno migratorio muy fuerte en los últimos años, por causa de la gran depresión económica que hemos sufrido. Muchos conciudadanos y familiares, han encontrado en otros lugares una manera de mejorar la "calidad de vida" de sus familias, arriesgándolo todo, al dejar a sus seres queridos en el país, mientras ellos trabajan duramente para enviarles dinero.
No quiero que piensen que estoy en desacuerdo con que la gente busque mejorar su calidad de vida. Pero ¿De que se trata esta calidad?
Entiendo perfectamente sus decisiones, y en muchos casos, siento que es necesario, pero no creo que estar lejos de la familia, con todo y que sea justificado, sea mejorar la calidad de vida, ni del que se fue, ni mucho menos de los que se quedaron.
Una cosa es proveer mas dinero, y otra muy distinta es dar sustento y abrigo.
Para mí, la familia debe estar junta, pero lamentablemente vivimos en una sociedad, donde eso no parece ser lo más importante.
Los regalos, por ejemplo, nunca suplirán la necesidad de abrigo (afecto) que requiere un niño. Si les preguntásemos a todos esos niños, cuyos papás (o mamás) están fuera del país enviándoles dinero, estoy seguro que ellos preferirían tenerlos aquí con ellos.
No menospreciamos la sabiduría que hay en los niños. Si quieres aprender a vivir sencillo, pregúntales a ellos como hacerlo. Aunque no lo entiendan, los niños saben muy bien lo que necesitan. Ellos para ser felices solo quieren sustento y abrigo.
Se puede ser feliz con poco, y ser muy infeliz con mucho.
No importa que tengamos o de cuanto dispongamos en nuestra cuenta bancaria, lo que traerá felicidad a nuestras vidas, está dentro de nosotros y no fuera de ella.
Lo que hace compleja nuestras vidas, y que sea tan difícil vivirla, es la falta de paz.
Es muy difícil no complicarse cuando estamos preocupados por algo.
La preocupación es un término, que por ignorancia, asociamos directamente a los problemas, y resulta que no es así.
Los problemas son obstáculos que siempre se nos presentarán en la vida, sea que elijamos vivir sencillamente o no. Los problemas son retos, circunstancias que apuntan a nuestra creatividad y destreza para solucionarlos.
La preocupación, en cambio, es un estado mental, donde no es necesario que exista un problema real para que esta se active. De hecho, la preocupación nunca aporta soluciones reales, solo genera un estado de incertidumbre, temor y ansiedad, que conllevan a un entrampamiento de la mente.
Una vida complicada está cargada de preocupaciones. Pero ¿Porque nos preocupamos? Normalmente, ese estado de ansiedad e incertidumbre se relaciona con las falsas expectativas que tenemos de la vida, pero sobretodo de nuestro futuro.
Cuando vives de forma sencilla, te concentras en el ahora, y el futuro no te preocupa.
Como dice el proverbio citado, es preferible tener paz en una casa donde hay poco, que tener mucho pero vivir en discordia.
¿De que sirve tener mucho dinero, si vives preocupado porque te lo roben? Nadie puede decir que es feliz si no se siente seguro, y si no puedes sentirte seguro ¿Para que entonces quieres tú, tener más de lo que necesitas?
La vida se hizo para disfrutarla. Con poco o mucho, sino tenemos la capacidad de disfrutar lo que tenemos, entonces estamos desperdiciando no solo dinero, sino también energía (por el esfuerzo), tranquilidad (por las preocupaciones), y finalmente vida, porque el tiempo es un recurso que no puede renovarse, y en cada segundo que no nos enfocamos a ser felices, estamos malgastando el regalo de la existencia que Dios nos otorgó.
Nos esforzamos tanto en querer entregarles de todo a nuestros hijos, que nos olvidamos de sus emociones y sus sueños. En este aspecto, veo con mucha regularidad, como padres obligan a sus hijos a asumir un sin numero de actividades por el simple hecho de cumplir con sus propios sueños frustrados, sin reconocer, que en el proceso, están formando otros seres frustrados, tanto o peor que ellos.
Esto es perjudicar la vida de otros, mientras complicamos aún más la nuestra.
Más importante que un viaje al exterior, es pasar el tiempo junto a la familia. Lo primero tendrá su valor en la medida que lo segundo sea mucho más importante.
El disfrute involucra pasión y emoción. Es imposible para un ser humano volcar todo eso en varias cosas, por eso, aunque tengamos o hagamos mucho, solo logramos disfrutar de algunas.
Por muchas posesiones que tengas, siempre preferirás a unas más que otras.
La clave para ser feliz, está en disfrutar de lo poco que tenemos, y ser agradecido por ello.
No en vano la gente del campo vive sin complicaciones. El dinero para ellos es un medio y no un fin. No están tan interesados en saber cuanto pueden tener, sino cuanto necesitan para tener lo que en realidad les importa.
Una consecuencia directa de vivir de manera sencilla, es ser agradecido y generoso. Es increíble como esas personas, que viven en lugares tan retirados y a la vez con muchas carencias, siempre están dispuestas a ayudar a otros, aún sin conocerlas. En sus mentes no hay prejuicios, ni mucho menos malicia.
¿De que sirve hacer horas extras en el trabajo u ocuparnos el fin de semana en la oficina, si abandonamos por completo a nuestra familia?
Ante esta pregunta, nos excusamos diciendo que "lo hacemos por ellos", pero ¿en verdad es así? o ¿es tan solo un medio de escape? Parece mentira, pero es más lo último que lo primero. Eso es desenfocarnos de nuestras prioridades, y al ser así, demuestra lo complicado que hemos hecho de nuestras vidas.
Recuerdo que aproximadamente en el año 2001, cuando aún era soltero, trabajaba en una ciudad a escasos 30 minutos de la capital, en donde yo vivía. La distancia, me permitía ir y venir todos los días entre una ciudad y otra, lo malo, es que trabajaba siempre hasta muy tarde, y que no había diferencias entre un día miércoles y un domingo, así como tampoco sabía cuando era un día feriado.
No tenía hijos entonces, pero vivía con mi mamá y una hermana, a quienes veía muy rápidamente por las noches. En ese tiempo, mi mamá fue diagnosticada con un cáncer que ameritaba operación, y el no saber como ayudar aparte de lo económico me tenía muy mal. Sabía que no tenía el tiempo para estar con ella, por causa de mi ritmo de trabajo. No podía renunciar por cuestión del dinero, pero tampoco quería estar lejos de ella.
Al poco tiempo, la solución vino de parte de Dios. La empresa para la que yo trabajaba, consiguió un contrato de un año con la petrolera nacional, y la colocación era en mi ciudad. Yo fui el único de mi departamento propuesto para completar el equipo, de acuerdo a mi especialidad. Eso me permitió estar con ella, durante su convalecencia, y apoyar un poco más a mis hermanos en su cuidado.
Cuando tú pones el empeño o tu enfoque en lo que es importante, todo lo demás viene a su momento.
Yo no pedí ser trasladado, tampoco conocía la existencia de dicho contrato, pero de lo que sí estaba seguro, es que tengo un Dios que conoce mi situación y siempre escucha mis oraciones. Yo simplemente me planté en mi deseo de estar con mi mamá, y puse el asunto en manos de Él. No me preocupe en buscar una solución, era muy complicado para mi. En vez de eso decidí por rendirme a la voluntad de Dios, y todo lo demás surgió de forma milagrosa.
No hay nada en la vida que te haga falta, cuando tienes la convicción de que Dios está contigo.
Tengo mucha familia y amigos que han migrado, y por costumbre siempre me preguntan: "¿Cómo está todo?", y no hay día en que no me detenga a reflexionar sobre que respuestas darles.
No me gusta mentir, y mucho menos aparentar lo que no es. Previo a responderles hago un paneo a mi alrededor, veo que estoy en mi casa, puedo ver a mis hijos jugando o comiendo, a mi esposa pintando o leyendo algo, y a mí mismo tomándome un rico café mientras trabajo en la computadora.
Después de ver esta escena, miro al cielo y le agradezco a Dios por las cosas tan maravillosas que me ha dado, y que hoy puedo disfrutar.
Una vez realizado este ejercicio visual, es cuando me siento en libertad de decir sin temor a mentir: "Todos estamos bien, gracias a Dios".
Al principio de la pandemia, reconozco que me preocupaba mucho el que nuestro negocio no estuviese produciendo lo que necesitábamos, y que por esa razón nuestros ahorros fueran mermando en la medida del tiempo.
Pues todo lo anterior no ha dejado de ser, lo único que cambió fue mi preocupación.
Comprendí que lo único que necesitaba mi familia era sustento y abrigo, y gracias a Dios, me ha provisto de lo que necesitamos.
Hoy nos sentimos mas crecidos, fuertes y vigorosos, y completamente felices. Mi esposa y yo estamos todo el tiempo estudiando algo o escribiendo sobre ello. Jugamos mas con nuestros hijos, y ellos lo hacen entre sí. Comemos juntos todas las veces, y disfrutamos mucho de la sencillez de compartir cualquier cosa que se nos ocurra. Estamos aprendiendo a disfrutar de lo que tenemos.
Creo que la clave fue dejar a un lado las falsas expectativas y aprender a vivir una vida sencilla, sin afanarnos por las cosas que no tenemos, y dar mas bien gracias por las que si tenemos.
En mi hogar tengo tres tesoros invaluables, que me hacen ser el hombre más rico del mundo: mi familia.
¿De que tamaño es tu tesoro? Porque Jesús dijo alguna vez, que donde está tu tesoro está tu corazón, es decir, tu pasión. (Mateo 6.21).
¿Esta enfocada realmente tu pasión en el lugar correcto? Si está apuntando hacia tus aparentes carencias, entonces tu familia no es tu tesoro.
Perdona si estas últimas líneas fueron muy personales, pero no podían ser de otro modo, porque no puedo hablar de las experiencias de otros cuando no las conozco.
Solo quiero que entiendas, que la vida, es más que lo material. Que lo que tu familia necesita está adscrito solo al sustento y abrigo, y que en la medida que orientes tu corazón en la dirección correcta, entonces, tendrás siempre la respuesta de Dios a tu favor.
Sé agradecido con lo que tienes, y disfrútalo con todo tu ser
Vive sencillo no te compliques de mas y no olvides llenar la encuesta que se encuentra al final
Dios te bendiga
Pastor César González
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