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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Cuestión de Fe




Contrario a lo que puedan pensar, como ser humano, esposo y padre de familia, no soy ajeno, a las incertidumbres que hoy en día embargan al resto de las personas. Pienso de hecho, que de alguna forma, estoy más que comprometido con la situación presente, en aras de aportar soluciones y caminos alternativos, que nos permitan dar respuestas a estas incertidumbres.

Pero debo confesar, que no tengo todas las respuestas que quisiera, o por lo menos no lo tengo todo tan claro como desearía, porque estoy consciente de  mis limitaciones intelectuales, físicas y espirituales, y de la falta de experiencia en muchos aspectos, lo cual, no me  permite aportar ideas claras sobre los mismos.

Sin embargo, he tenido la dicha de contar con mucha gente sabia a mi alrededor durante mi caminar, quienes me han enseñado a atesorar y a poner en ejercicio cada fibra de mi ser, para vibrar acompasadamente, con el conocimiento recibido de ellos y por medio de muchas otras vías, como lo son los libros, la observación de mi entorno y la meditación.

Parte de ese conocimiento, el cual esgrimo en todos mis escritos con mucho orgullo y convicción, es el que está vinculado a mi experiencia personal con Dios, desde hace más de 36 años (aunque puedo asegurar que es desde antes de nacer).

En todo ese tiempo, el ejercitar mi fe en Dios, ha sido la constante en todas las circunstancias en las que me he visto involucrado, y ha marcado de igual forma, la evolución de todo mí ser interior hasta la fecha. No hay nada que yo pueda decirte donde no esté involucrado Dios. Él es mi norte y mi fin último.

La ventaja de haber escogido este camino o estilo de vida, es haber entendido principalmente, que como seres humanos, estamos más conectados con Dios de lo que nosotros mismos pensamos. No hay barreras entre Él y nosotros, mas que las generadas por la ignorancia de aquello que no conocemos, así como tampoco, existe ninguna condición o estado en nuestro ser que nos exija estar separados de Él.

Con todo respeto a este vínculo que hemos construido entre nosotros, me tomo la libertad de hablarte acerca de la fe sin ningún tipo de sesgo religioso o ideológico.

La fe, constituye un tema tan trascendental, como cotidiano, y aunque es muy conocida como término, desconocemos en gran medida, su correcta aplicabilidad para nuestras vidas.

Quiero que me acompañes a analizar este maravilloso tema, desde una óptica  particular, añadiendo en el camino, un mayor conocimiento de nosotros mismos.



 

Cuando me preguntan por lo que nos depara el futuro, es muy difícil encontrar en mis labios, una respuesta diferente, a la de afirmar que: “todo estará muy bien”. Y esta respuesta no es porque me sienta optimista o porque tenga un plan debajo de la manga, el cual no he querido revelar.

Es así, porque yo lo creo, y porque yo lo creo, es así.

Lo anterior es lo que nosotros denominamos fe.

Si me preguntas ¿tiene que ver la fe con ser positivo? Mi respuesta tajante será: NO.

La fe no tiene que ver con el positivismo mental. La fe proviene de lo mas profundo de nuestro ser. Es parte del depósito de Dios en nosotros, desde nuestra concepción. No es algo que debemos procurar tener, porque es parte de nuestra naturaleza como seres humanos. Es un don que Dios nos entregó, no es algo externo que se introduce en nosotros.

Por definición lingüística, en el idioma original, la palabra fe se traduce en confianza, pero también en fidelidad.

Tener fe es confiar, pero a la vez implica ser fiel a eso en lo que confías.

Es por ello, que la fe está ligada al creer. Cuando creemos en algo, lo primero que depositamos en ello es nuestra confianza. Creer en algo o en alguien, revela nuestro compromiso, y el grado del mismo determina nuestra fidelidad.

Somos fieles únicamente a aquello en lo cual creemos.

Esto último puede estar relacionado con una persona, con una institución, con una habilidad que poseamos, con un pensamiento, etc.

¿Por qué creemos?

Dios se aseguró que nosotros poseyéramos la capacidad de creer, aún antes de estar conscientes de ello. Es por eso, que la humanidad entera, en cualquier parte del mundo, cualquiera que sea su cultura o su condición social, de alguna forma, siempre está en la búsqueda de “creer en algo” ¿Por qué es esto así?

Te responderé con un ejemplo. Cuando vemos un estanque, donde el agua aparentemente no se mueve, asumimos que todo está tranquilo. Pero resulta, que las moléculas del agua, en estado líquido, están en continuo movimiento, por eso, aunque imperceptible a la vista, siempre el agua tratará de desplazarse más allá del medio que la contiene. La movilidad está en sus moléculas.

De esa misma forma, la fe en el ser humano, buscará siempre ese elemento conectivo con su creador, muchas veces, abrazando ideologías o creencias  no acordes al propósito para el que fueron diseñadas.

Queramos o no, está en nuestro ser, la necesidad de subsanar el apetito de nuestra fe. Todos respondemos funcionalmente a este principio marcado en nuestro ADN, en mayor o menor grado.

Toda tu búsqueda de algo más allá de lo visible, de reconocerte como un ser por encima de lo biológico, de conectarte con la energía que te envuelve, de proyectar tu mente más allá de un simple conocimiento intelectual, todo eso y más, es tu fe interactuando, con el objeto de desarrollar el propósito que la define: Conectarse con Dios.

No podemos deshacernos de la fe, así como no podemos eliminar a capricho una molécula de nuestro cuerpo.

Como los músculos del cuerpo, hay que ejercitar la fe para sacarle el mayor provecho.

Al inicio te mencioné, que a lo largo de mi vida me he visto en circunstancias, donde me he visto forzado a ejercitar mi fe, pero viéndolo mas claro en la actualidad, me atrevo a afirmar, que no hay día ni momento en donde la fe no sea sometida a prueba.

Creo que el tiempo presente es una evidencia de ello. No es posible negar que esta situación de pandemia mundial, haya concebido en sí misma, distintas formas para ponernos a prueba. 

Se requiere más que positivismo para afrontar los retos de cada día. En la región donde vivo por ejemplo, aunado a los inconvenientes ya establecidos por la situación de cuarentena social, se han sumado problemas graves en los servicios públicos, como lo son: agua, gas, electricidad, transporte, abastecimiento de combustible, Internet, etc.

Cuando uno junta todo esto, en un único momento histórico, solo puedes asemejarlo a una situación de guerra, donde no hay nada garantizado, nada funcionando enteramente, y donde las posibilidades de que mejore no se vislumbran a corto plazo.

¿Cómo afrontar una situación así? ¿Cómo mantenerse firme ante lo que parece ser una situación infranqueable?

 



En el texto que inicia esta sección, encontramos una definición bíblica muy popular entre los creyentes para describir lo que es la fe.

Como todo en la vida, hay aspectos que tienen más de un punto de vista, y la fe no escapa de ello.

La fe es como una moneda con dos caras o lados, donde cada uno es el complemento del otro, pero ambos son muy diferentes.

La fe primeramente, es la convicción de cosas que se esperan como si ya fueran realidad.

En este aspecto, la fe apunta hacia nuestra esperanza. ¿Que es la esperanza?

La esperanza es el estado de ánimo, en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible.

Tener fe puede estar relacionado con creer en algo antes de que suceda.  Este es el lado de la fe que más asociamos con el futuro. Concebimos que algo grande o mejor podrá suceder, y solemos apegarnos a esa creencia con confianza y fidelidad.

Esperamos un “algo” que no está presente de momento, pero sabemos que va a llegar tal cual está preestablecido. 

Nos aferramos así a creer que vendrán mejores tiempos, que las cosas mejorarán al solventarse la situación presente, y que después de esta larga espera, las cosas volverán a encausarse como es debido.

De la misma forma, nos vemos muchas veces a nosotros mismos. Nos vislumbramos siendo exitosos o superando todos los obstáculos. Creemos esperanzadamente en que podremos levantar a nuestras familias, de la situación de zozobra en que vivimos, que alcanzaremos a recuperar todo lo que hemos perdido, etc.

Todo lo anterior está muy bien, y a nadie puede criticársele por pensar así, de hecho, lo que mas requerimos para ver nuestro futuro de una manera mas prometedora es la fe, sin eso es imposible que podamos visualizarlo así.

Este tipo de fe trae esperanza, y la esperanza es muy importante para poder reconciliar nuestro presente, con la idea que tenemos de nosotros mismos o del entorno, pero no es suficiente, porque está basada en hechos o cosas que aún no son palpables, porque son “cosas que esperamos”.

El único problema de la fe en esperanza, es que al esperar por “algo que viene”, nos enfocamos en el futuro, sin darle respuesta a lo presente.

Cuando solo esperamos, cometemos muchas veces el error, de esperar en vano, porque no le damos cabida a buscar en lo presente, las respuestas que necesitamos, y esto sucede, porque ignoramos que están allí.

Muchas veces oramos por cosas que ya tenemos, creyendo que falta un mover especial de Dios para que se hagan realidad. Pero están allí, y la mayor parte del tiempo lo  ignoramos, y otras veces, simplemente no las aceptamos como son.

En mi experiencia, he escuchado personas clamándole a Dios por ejemplo, para tener mas amor por las personas o para ser mas tolerantes, y resulta que ya todo eso está dentro de nosotros, solo que al igual que la fe, no lo hemos ejercitado. Incluso hay quienes esperan por recibir una instrucción “de arriba” para tomar decisiones, y resulta que ya Dios ha dispuesto todo delante de la persona para hacerlo, solo que sus temores e inseguridades no le permiten verlo con claridad.

Dios dispuso ya la gran mayoría de las cosas, para que tan solo tú y yo nos apropiemos de ellas.

La fe es también, la revelación de las cosas que no se ven.

Esto último es lo que erróneamente confundimos con positivismo. Esta otra cara de la fe, complementa con la primera, pero es muy distinta a ella, debido a que en este punto, la confianza y fidelidad están asociadas al presente y no al futuro.

Esta fe se basa en elementos concretos, en hechos ya manifiestos, pero que al ojo inexperto le son “invisibles”.

Lo que mucha gente no ha entendido, incluyendo en esta lista a los mas acérrimos creyentes, es que la mayoría, más bien, el total de “cosas” que Dios ha destinado para nosotros, ya nos fueron entregadas, y que por  ignorancia de nuestra parte, no las hemos desarrollado a nuestro favor.

 

Al igual que la fe, dones tan maravillosos como el amor, la bondad, la paz, la alegría, el dominio propio, etc. (Gálatas 5.22-23), ya se encuentran dentro de nosotros, a la espera que los desarrollemos, no en el futuro, sino en el ahora.

No hay nada que esperar, Dios ya todo lo dispuso en su diseño de ti, para que alcances tus metas y objetivos.

Ignorar esto, es lo que nos enceguece completamente, hace que todo lo que Dios nos dio, se mantenga escondido de nuestra vista. Lo que no vemos, no implica que no exista.

Confiar en un futuro mejor, te permitirá fortalecer tu esperanza, pero no te ayudará a solventar la situación presente. Lo actual, lo que en este momento  demanda una acción de tu parte, solo puede ser solucionado en el plano de la confianza y fidelidad de lo que Dios ha depositado en ti.

Puede que con esta situación mundial, hayas perdido tu trabajo y que de momento estás confiando que al terminar todo este problema, lo recuperarás o encontrarás algo mejor, pero en este instante, esa esperanza no traerá comida a la mesa de tu familia. Debes mirar lo que tienes ahora, visualiza el potencial que tienes. Hazte consciente de las cosas que has aprendido, de las habilidades y destrezas que dominas. Mira tu situación con otra óptica, no solo enfocado en lo que hacías antes de esto, ni en lo que harás, sino en lo que puedes hacer ahora.

La razón principal por la que la fe orientada en lo presente se complementa con la fe esperanzadora, es que con la primera, podrás evaluar y aprovechar las oportunidades que tienes en el ahora, y esto, se convertirán en un punto de referencia para lo que esperas de ti en el futuro.

Ya hay gente que está reconsiderando si volver o no a sus antiguos trabajos, porque han encontrado nuevas y mejores formas de ganarse la vida, y ser aún más exitosos de lo que eran antes.

La fe basada en lo presente, ve oportunidades en medio de la adversidad, y saca a relucir el potencial que hay dentro de cada uno de nosotros.

Una de las cosas que he aprendido a amar de toda esta situación de la cuarentena social, es que me ha dado la oportunidad de hacer cosas que me gustan muchísimo, como escribir. Pero el regalo más maravilloso de todos, es la oportunidad de estar en casa con mi familia mucho más tiempo. Eso no quisiera cambiarlo por nada del mundo.

Todo lo anterior me ha llevado a reconsiderar muchas cosas, principalmente la administración de mi tiempo y las expectativas laborales del futuro. Me he dado cuenta, que hay múltiples formas de alcanzar los niveles de ingreso que necesito, mas allá y aún mejor que de la manera convencional.

Buscando en mi mismo, encontré esas dotes no reveladas con anterioridad, y que ahora he podido sacar a la luz. He encontrado aún mayor confianza en mis talentos, y esa concienciación acerca de mi, me ha generado fe hacia mi mismo, basado primeramente en la que siento hacia Dios y a lo que el ha hecho por mi.

Aprendí a conjugar el verbo creer para mi mismo. Yo creo en mí.

Hay cosas que Dios está haciendo tras bastidores en el mundo, de las cuales no estamos apercibidos. En el ámbito de lo espiritual, el de lo invisible, hay una realidad que supera por mucho lo que vemos, y está allí disponible para  nosotros. Apenas estamos viendo la punta del iceberg de las cosas que se están conjugando de forma oculta, cosas que lejos de preocuparnos, nos llaman a estar apercibidos y preparados.

Hay cambios que Dios está haciendo en los corazones de muchas personas alrededor del mundo, de los cuales ni nos damos cuenta.

Hay cambios que ya Dios empezó a hacer dentro de ti, y otros que ya están culminados, que solo necesitan ser revelados a nuestro consciente para poderlos desarrollar.

Cree firmemente en el potencial que aún no puedes ver en ti, como un hecho consumado, no como algo que esperas tener.

 


Todo en el universo cumple un propósito, aún aquello que nos parece malo.

Ciertamente Dios no creó la maldad, pero se sirve de ella para generar cosas mejores.

Si no existieran cosas que se nos opusieran en nuestro avance, jamás desarrollaríamos las herramientas y habilidades para superarlas.

Lo que nos trajo al lugar y al tiempo en el que estamos, es la fe.

Cuando creemos, alcanzamos a desarrollar en nosotros, algo que es imposible para el ser humano lograr por su propia cuenta: La Paz.

Esa paz que desarrollamos por medio de la fe, nos permite reconciliarnos con el presente. Cuando entendemos que todo lo que está pasando no es por casualidad, o que indefectiblemente se encuentra bajo el control de Dios, aprendes a mirar las cosas de manera distinta.

La fe no convierte lo malo en bueno, de hecho no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas. La fe no cataloga los hechos, solo nos hace verlos diferentes.

Es allí donde la fe juega un papel importantísimo en nuestra mente. La fe genera la paz que nuestra mente necesita para conciliar lo real con la verdad.

En otra oportunidad profundizaremos sobre la diferencia entre lo real y la verdad, por ahora solo te diré, que en la realidad algo es bueno o es malo según la óptica moral con que se mire, en cambio, la verdad, es aquello que está depositado en nuestro ser, tal cual el diseño de Dios, y no  puede ser catalogado bajo ninguna óptica, porque es absoluto.

La fe apunta hacia la verdad,  de la cual ella misma es parte. Por eso, quien cree, tiene la confianza en lo que cree y es fiel a la verdad depositada dentro de si. De allí que la fe no ve lo malo ni lo bueno. La fe solo ve el propósito de las cosas, según la verdad depositada en nuestros corazones, y esa verdad solo mira según el diseño de Dios.

Quien tiene fe, alcanza la paz, y quien está en paz, no se preocupa por la situación presente.

Dependiendo de la forma en como aprendamos a desarrollar nuestra fe, de esa misma forma nos será mas fácil o difícil entender lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Te invito a que desarrolles tu fe. Cultiva la esperanza en un futuro que se encuentra en las manos de Dios, pero sobretodo,  crece y multiplica tus esfuerzos en la fe que está vinculada con el presente, con las oportunidades y dotes que Dios ha dispuesto para ti en el ahora.

Quieras o no, toda circunstancia es parte de tu ejercitar en la fe, así que permanece alerta y engrandece tu confianza en Dios cada día, y de la misma forma hazlo contigo mismo.

Cree, confía y permanece fiel, así encontrarás la armonía que necesitas para entender tu situación actual.

No permitas que otros menoscaben tu capacidad de creer, recuerda que nadie puede tomar algo de ti, si esto está incorporado a tu ADN.

Recuerda que la fe fluye constantemente como el agua, y es imposible retenerla por mucho tiempo, así que, aprovecha el momento y déjate llevar por su corriente, no dudes en creer.

Dios siga bendiciendo tu vida…


Pastor César González

 


 


viernes, 18 de septiembre de 2020

Cabos de Amarre


En nuestra luna de miel, mi esposa y yo, tuvimos la dicha de visitar algunos países caribeños, gracias a que pudimos contratar un servicio de cruceros, que nos llevo a lugares maravillosos y playas por demás paradisíacas. Fue nuestro viaje de ensueño, aún mas, considerando que para ambos era nuestra primera travesía en barco.

Podrán imaginarse que no había detalle al que no le pusiéramos cuidado o que llamara nuestra atención. Desde el camarote, pasando por la estructura del barco, el gran salón de comedor, el anfiteatro, las actividades en la piscinas, las exhibiciones de la comida, etc. Todo era una maravilla y deleite a los sentidos del cuerpo y del alma. 

Fue en definitiva una experiencia inigualable, y hay muchos recuerdos que en otro momento compartiremos con uds, sin embargo, hoy solo nos referiremos a una situación anecdótica, que aunque parezca trivial, es de suma importancia para lo que hoy queremos enseñarles.

Cada vez que atracábamos en un puerto, salíamos bien temprano para aprovechar el tiempo y conocer lo mas que pudiéramos del lugar. Al regresar, la imagen imponente del barco, que nos esperaba serenamente anclado en el puerto, era por demás tranquilizadora. 

Recuerdo, que mientras retornábamos del paseo y me acercaba al barco, siempre llamaban mi atención las imponentes sogas o cuerdas que lo mantienen estable al puerto. Esas sogas son conocidas como cabos de amarre, y son tan grandes como el barco que sostienen. 

Nunca en mi vida había visto sogas tan grandes y gruesas, y mucho menos, conocía de esos nudos impresionantes que se hacen a cada extremo de las mismas, de los cuales, se presume mucho en el argot marítimo.

¿Imaginas hacer un nudo para sujetar un barco tan grande? ¿Has considerando el tamaño y grosor de la cuerda? 
 
En el ambiente marítimo, se usan distintos tipos de nudo, según su funcionalidad. Los conocedores en la materia afirman que, por el nudo se conoce la experiencia y el dominio que tiene el marinero. Se requieren años de práctica para hacer el nudo correcto, pero sobretodo, para generar confianza en el amarre.

La vida de las personas, y el resguardo de sus bienes, pueden depender tan solo de hacer el nudo correcto, por ello, es importante asegurarse que todo está bien amarrado.

Nuestro hogar, nuestra sociedad, y los seres humanos en general, requerimos de cabos de amarre, de cuerdas y nudos bien fuertes, que nos "sujeten" firmemente a nuestro puerto.

En la vida, todos necesitamos de alguna forma, sentirnos seguros y confiados, para poder afrontar las circunstancias del día a día, y para poder desarrollarnos libremente como individuos y como sociedad.

Aprendamos entonces a hacer esos fuertes nudos...

Para hacer nudos fuertes lo primero que hay que considerar es la soga o cuerda con la que estamos trabajando. Un nudo es tan fuerte como la soga que se usa para hacerlo.

No soy persona de hacer rituales, pero entiendo que algunas cosas, en un momento particular, tienen alguna significación para quienes los practican. Cuando nos casamos, mi esposa y yo, hicimos nuestros votos matrimoniales, unidos por una especie de cordón o cuerda, el cual estaba conformado por hebras blancas y gruesas, entrelazadas entre sí, muy al estilo de la imagen, que nos brinda el pasaje que leímos al inicio de esta sección.

Para ese momento, las tres hebras nos representaban a nosotros mismos y a Dios, dando a entender a los presentes, el compromiso que tanto ella como yo, teníamos al hacer equipo con Él en nuestro matrimonio. El compromiso era el verdadero lazo, el cordón o cuerda tan solo lo representaba físicamente. Curiosamente, la cuerda desapareció a los días de la boda (no supimos a donde fue a parar), pero el compromiso se mantiene vigente, y cada día, lo renovamos con determinación y todo el amor que podemos brindarnos el uno al otro. 

Una cuerda se hace más fuerte según la cantidad de hebras que la componen.

¿Te imaginas cuantas hebras se necesitan para hacer un cabo de amarre para mantener un barco estable? 

Para asegurar las cosas mas importantes de nuestra vida, no podemos hacerlo solos,  necesitamos indefectiblemente hacer equipo con alguien más.

Desde siempre, mi esposa y yo entendimos que éramos un equipo. No existe separación en cuanto al compromiso que cada uno tiene en nuestro hogar. Somos en conjunto, responsables al mismo tiempo, de criar a los hijos, de los negocios, de los quehaceres del hogar, de las deudas, de mantener la armonía, etc. En nuestro matrimonio no existe la menor desconfianza en ninguna cosa, y en relación a lo financiero, todos los gastos los compartimos, sin determinar quien "pone más" o quien "pone menos" para tal cosa. Como decimos en nuestro país: "todo el dinero entra y sale de un mismo pote”.

Lo importante de todo esto, es que desde el inicio, decidimos que Dios formara parte de nuestra relación como pareja. Esto fue una de las mejores decisiones que pudimos tomar. Esta relación intrínseca con Dios, nos ha permitido darle una dirección clara a nuestra familia. En mi hogar, ninguna decisión (o por lo menos la mayoría) se toma,  sin considerar la posición de Dios al respecto. Esto nos ha evitado males innecesarios y muchas discusiones. 

A mi parecer, ese es uno de los tantos secretos que hemos podido descubrir como pareja, para aportar la confianza y la seguridad en nuestro hogar.

Lo anterior, no es algo que se da de la noche a la mañana, tampoco es producto de tan solo afirmarlo o declararlo todos los días. Esto solo se puede lograr, con una fidelidad práctica, a los principios que enarbolamos como familia. Es un ejercicio de todos los días, que te llevará a alcanzar la experticia para hacer los mejores nudos. 

Sea en tu familia, trabajo o comunidad, se requiere la ayuda de todos para poder afrontar los retos que cada día nos presenta la vida. Por eso es necesario, hacer equipo con las personas que comparten con nosotros cada una de esas situaciones. 

En momentos difíciles como los que estamos viviendo, es cuando más evidenciamos la necesidad de estar acompañados. No es fácil afrontar una situación de tanta incertidumbre como lo es una pandemia mundial, alejado de la gente que te importa. 

Muchas familias están hoy separadas por causa de esta crisis, pero gracias a Dios por la tecnología del presente, que auque no compensa del todo la necesidad del contacto físico, por lo menos, nos permite estar conectados con ellos, donde quiere que estén. 
Esto, produce la sensación en nuestra mente, de que a pesar de las distancias, no nos sintamos tan solos. 

Son mejor dos que uno. No hay nada mas cierto que eso. En mi experiencia, el tener a alguien a mi lado, que aún siendo maravillosamente distintos, es fantástico como vibra en la misma sintonía que yo. Eso no tiene parangón. La calidad de vida que te ofrece una relación así, va más allá de lo convencional. 

No quiero hacer creer que mi esposa y yo, estamos de acuerdo en todo, pero sí en lo importante, y a eso, es lo que más le sacamos provecho. Uno levanta al otro cuando es necesario. Entre los dos nos cuidamos y nos protegemos. Uno es importante para el otro, y cada quien entiende el valor de preservar la integridad del equipo.

Solo uso mi matrimonio como ejemplo para poder inspirarte. No somos perfectos, pero tenemos confianza en lo que hemos logrado hasta ahora, y por eso, queremos compartirlo contigo. Eso sí, no te voy a mentir diciéndote que es fácil, porque se  ha requerido de mucho esfuerzo personal y largas horas de conversación para poder llegar al lugar donde estamos, sin creer aún que lo hemos alcanzado totalmente. Hemos hecho los nudos que mejor nos salen, con el conocimiento que hemos adquirido. Estamos a la espera de las próximas lecciones para perfeccionarlos. 

En solitario es muy probable que podamos ser vencidos, pero juntos somos indestructibles. 


Más que estar acompañados, lo que requerimos, es hacer equipo con las personas con las que convivimos.

Muy tristemente veo, como existen muchas familias, sean estas pequeñas o numerosas, donde la falta de equipo entre sus miembros, se evidencia en el comportamiento particular de sus individuos. Hay quienes, viviendo en la misma casa, no se dirigen nunca la palabra o no conocen lo que el resto de su gente hace en todo el día. No hay conexión entre ellos, porque no hay nada (según su parecer) que los involucre o que los relacione más que la consanguinidad.

Hay quienes, a pesar de tener mucha gente alrededor, tienen que ahogar y sufrir sus penas en solitario, porque no hay nadie con quien compartirlas. Eso sucede más de lo que nosotros pensamos. En todas partes hay una situación similar.

¿Qué hace que una cuerda sea fuerte? Lo primero, es la cantidad de hebras, y lo segundo es la calidad del entrelazado.

Recuerdo que cuando niño, tenía un amigo que vivía en una casa donde había mucha gente. Solía preguntar a veces por él, y nadie sabía darme señas de su paradero, incluso su mamá. Siempre que regresaba a casa cabizbajo por no encontrarlo, era sorprendido por mi amigo, quien venía corriendo detrás de mí, porque me escuchó preguntando por él. Él estaba en su casa, y nadie sabía donde estaba, ni que estaba haciendo. Eso es un ejemplo de cuando no hay una sensación de equipo presente en una familia. Con el tiempo, la situación no mejoró para ellos, por el contrario, se agudizó aún mucho más, a tal punto, que nadie sabe nada de nadie en esa familia. ¿Cómo es esto posible? Les juro, que solo lo entendí cuando crecí y maduré. 

Nadie puede hacer equipo con otro, si no encuentra un punto de conexión o amarre. Eso es lo que nosotros denominamos tener un objetivo común o una visión en conjunto.

Esa es la clave para hacer equipos. Sea en lo laboral, en lo social o en lo familiar, la gente necesita tener un objetivo en común, que los conecte y los haga sentir parte de "algo" mucho mas grande que ellos mismos. Esto va mucho con el sentido intrínseco de pertenencia, el cual, todos necesitamos satisfacer.

No solo quiero que estés conmigo, necesito que estés para mí.

Esa frase es lapidante, y refleja lo que en verdad todos anhelamos. No me interesa estar con alguien que solo me acompañe o que me sobrelleve. Necesito alguien que sea un equipo conmigo. Alguien que no solo esté, sino que se haga sentir.  El equipo es lo que garantiza el éxito. 

Hacer equipo es un trabajo arduo, requiere de mucha diligencia, inteligencia, empatía, comprensión y sobretodo, una visión súper clara de a donde quieres llegar. Nadie podrá pegarse al caminar de otra persona, si esta no tiene una clara visión de a donde quiere ir.

Por eso es importante, que los padres estén conscientes del papel que fungen dentro del hogar. Deben estar claros, que ante cualquier cosa, primero son un matrimonio, y luego son padres. Como matrimonio, ellos conforman un equipo especial dentro de la familia. Los esposos, son el equipo de liderazgo, aquellos quienes proveen de inspiración y de motivación al resto. El matrimonio viene a ser como la hebra madre o principal sobre la que se hila el resto de la soga.

Como ya dijimos antes, mi esposa y yo decidimos entrelazarnos junto a Dios, para ser esa primera hebra, y con ese objetivo en mente, construimos junto a nuestros hijos, las oportunidades para que ellos se vinculen de la misma forma a la visión que tenemos como familia. 

El saber hacia donde quieres llegar con tu familia, genera un ambiente de confianza y seguridad al que todos quieren unirse. Como lo he dicho en muchas oportunidades, si quieres tener una familia feliz, debes empezar por desarrollar un matrimonio feliz.

No debemos confundir la visión que tenemos como familia, con el menoscabo de las expectativas individuales de sus miembros. Cuando hay un ambiente de confianza, se genera un sentido de seguridad en las decisiones, lo que redunda en el reconocimiento de las oportunidades que se desarrollan de forma individual para cada miembro de la familia.

En otras palabras, parte de la visión familiar, es el desarrollo de las oportunidades individuales de sus miembros. Un equipo trabaja para beneficio de todos.

Esa seguridad y esa confianza es lo que mas necesitan nuestros hijos para desarrollar sus individualidades. Es por ello, que debemos invitarles y coadyuvarles a que hagan equipo con nosotros, y que se sientan cómodos y seguros en esa situación. 

El hogar no puede ser solo del interés de papá y mamá. Todos deben participar en el mantenimiento y en los quehaceres de la casa, según la edad y capacidades. Lo mismo sucede con el ambiente de convivencia, todos deben sentirse incluidos y a la vez responsables de la armonía en casa. Eso es bastante trabajoso, pero no imposible.

Los hijos, al igual que nosotros, necesitan satisfacer esa necesidad de pertenencia que llevamos intrínsecas en nuestro ser. Eso nos facilita la sensación de seguridad que tanto requerimos. No es solo tenerlos en casa, nuestros hijos deben sentir que forman parte de una familia.

Nuestros hijos entienden, que tanto su mama como yo, tomamos decisiones en conjunto. Saben que no estamos de acuerdo en todo, pero que respetamos las decisiones del otro, y siempre nos inclinamos a favor de un mismo objetivo. No hay caminos separados, y  ninguno actúa en contra del otro. 

No formamos bandos, no hay oposición, solo opiniones distintas que se respetan. Cada acción intenta ser justificada, hay un  porque para todo, aunque no todos lo entiendan o estén de acuerdo. Los éxitos se celebran juntos de forma ruidosa, y los fracasos se lloran también juntos en absoluta reserva. 

Esa fidelidad, compromiso y seguridad, tratamos de transferírselas a ellos, pero la fuente principal de su aprendizaje está en el ejemplo que podamos darles. 

Como padres, nunca terminamos de aprender, no importa que edad tenga nuestros hijos, sin embargo, para aquellos que aún los tenemos en casa, se nos ofrece un abanico de oportunidades inmensas para alcanzar juntos la conformación de un equipo ganador. 

Todo equipo, así como las personas, pasa por circunstancias adversas, la diferencia radica en que juntos siempre podrán apoyarse los unos a los otros, que nunca faltará con quien desahogar las penas, y sobretodo, serán mucho más fuertes.

En un equipo todos se cuidan unos a otros. 

En una ocasión escuche decir que una cadena es tan fuerte como lo es su eslabón más débil, y esto es verdad, porque aplica para casi todo.

Parte de hacer nudos fuertes, es lograr primero que la cuerda lo sea, y eso pasa por ayudar a fortalecer a tu equipo en el proceso de la conjugación de sus objetivos.

Siempre habrá en tu equipo quien no pueda moverse al ritmo de los demás,  tal vez esté muy cansado, herido o todavía no esté del todo listo, pero la fuerza del conjunto lo hará ver más fuerte. 

La fuerza de la cuerda no la determina la debilidad de una hebra. Cuando se unen las intenciones y se trabaja en una visión conjunta, no hay débiles ni rezagados.

No es lo mismo estar en un equipo, que formar parte de el. Lo segundo implica un compromiso recíproco. Por esto último, debemos promover ese sentido de pertenencia entre quienes nos acompañan en nuestra visión. En una casa, por ejemplo, todos deben sentirse parte del equipo, no importa si son familia o no. Eso a la larga traerá más beneficios que tragedias.

En la Biblia está escrito que una casa dividida nunca prevalecerá (Lucas 11:17), por ello no comulgo que en una casa existan bandos, disensiones o gastos separados. Eso es el reflejo claro de un estado de confusión interno, donde cada quien tiene un camino distinto, como si cada hebra quisiese ser una cuerda en sí misma. Lo que hace fuerte una casa es que todos estén integrados en un mismo objetivo.

No podemos dejar de lado a Dios, Él es el motor principal de nuestros éxitos. Buena idea sería darle toda la capitanía del equipo y dejar en sus manos la dirección del mismo. Por eso, te invito a que lo involucres desde el principio. Hay garantías que sólo Él puede aportar, y tú las necesitas en tu amarre. 
 
Los equipos son dinámicos. Algunos miembros estarán para siempre, otros solo estarán de vez en cuando, y habrá quienes se marcharán para no volver. Abraza y atesora a la gente que te acompaña en algún momento de la vida, y disfruta el tiempo en que formaste equipo con ella. 

Las personas trascendentes, suelen dejar un legado maravilloso de motivación e inspiración que jamás podrá ser olvidado, aunque ya no estén presentes.

Establece cabos de amarre que te permitan llevar una vida segura y confiada. Bríndale a tu familia un ambiente seguro, donde todos tengan la oportunidad de poder crecer y desarrollarse a plenitud, sobretodo afectivamente.

Si eres casado, busca aliarte de manera completa con esa persona que está a tu lado por elección propia.

Estoy confiando que haciendo esto, tus nudos serán tan fuertes como tu amor y compromiso por los tuyos.

Forma, lidera y apuesta a tu propio equipo ganador...

Dios te bendiga siempre.

Pastor César González.