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lunes, 5 de octubre de 2020

Zona de Despegue


 

El impulso para iniciar este proyecto de escribir artículos semanales, provino principalmente de la necesidad que nos urgía por causa de la pandemia, de mantener el contacto con el grupo de personas, quienes durante varios años, nos vienen acompañando de manera continua, en nuestras reuniones habituales. 

Desde que comenzamos dichas reuniones, hace aproximadamente unos 10 años, pensábamos que en algún momento nos tocaría expandirnos hacia otras latitudes, siendo que, las iniciáramos en nuestro propio hogar, y ya a la fecha, contamos con dos localidades equidistantes la una de la otra. 

Debido a la situación de la pandemia, nos vimos forzados a reinventarnos hacia esta nueva modalidad, lo cual, nos ha resultado en un mayor provecho, ya que gracias a la tecnología y al Internet, hemos podido alcanzar a muchas mas personas por esta vía, en lugares incluso más lejanos.

Tú eres parte de ese logro, y por ello estamos agradecidos con Dios y contigo, de que  puedas hoy tener acceso a este mensaje, que es solo una parte, de los muchos recursos que ya se encuentran disponibles, y de otros, que en el tiempo estaremos compartiendo con ustedes.

Es así, como podemos afirmar, que es común para los seres humanos que, para abordar cualquier proyecto en la vida, sea este de carácter personal o profesional, todo comienza con una semilla, con un primer paso. Para poder llegar mucho más allá de donde estamos hoy, debemos ciertamente arrancar desde un punto de partida, el cual, se encuentra muy cercano de nosotros.

Puede que tengamos grandes expectativas acerca de nosotros mismos y de nuestros planes para el futuro, o tal vez nuestros sueños sean mucho más grandes de lo que cualquiera en nuestra posición pueda anhelar, pero lo que si debemos tener claro es que, todo comienza en nosotros y en nuestro entorno más cercano.

Antes de poder gritar: ¡Al infinito y mas Allá!, tal como lo diría un famoso personaje infantil, yo te invito a que mires primero un poco mas cerca, hacia el reducido universo que tienes frente a ti.

Ponte cómodo e iniciemos nuestro viaje, desde nuestra Zona de Despegue




Todo plan que tengas para ti mismo, comienza en un punto específico, el cual es siempre, el lugar donde te encuentras actualmente.

Muchas cosas se podrían explicar del pasaje bíblico que precede esta sección, pero nos concentraremos en la última parte del mismo. En este, Jesús ya resucitado, se despide de sus discípulos, no sin antes prometerles un poder especial (El Espíritu Santo), el cual les otorgaría la facultad de hablar o “testificar” en su nombre, comenzando en la ciudad de Jerusalén, siguiendo luego en las regiones de Judea y Samaria, para luego finalmente ir por los lugares mas lejanos del mundo.

Jerusalén era la capital de Judea, y era el lugar donde los discípulos se encontraban en ese momento. Era su punto de partida, su zona de despegue.

Como se puede observar, el plan para poder llevar el “mensaje” encargado por Jesús, se iniciaba en un lugar cercano.

Hay quienes planifican de forma incierta sobre supuestos estados o momentos que aún no existen.

He escuchado decir con muchísima frecuencia, incluso de mi propia boca: “Cuando yo este en tal posición haré tal cosa” o “cuando tenga tal cantidad de dinero podré hacer esto otro”, etc.

No estamos negándonos a que soñemos o que aspiremos a algo mejor para nosotros, el problema está, cuando lo queremos hacer ubicándonos desde un  futuro incierto.

No es sencillo planear un futuro, cuando en el presente pareciese que no tenemos nada con que garantizarlo. Por eso, apelamos a la posibilidad que algo ocurra (esperanza), para poder establecer lo que queremos lograr finalmente. Es allí donde la mayoría de nosotros nos equivocamos.

Esto nos pasa a todos, y aunque no parezca de importancia, lo es en un sentido muy amplio. Tendemos a postergar nuestros sueños y proyectos porque no nos sentimos capaces o con los recursos necesarios para lograrlo en el momento.

Expresiones como las que mencionábamos anteriormente, ponen en pausa nuestra mente y no nos dejan avanzar, ni mucho menos ver, aquello con lo cual “contamos” en el momento para cumplir nuestra metas.

Debemos aprender a concretar nuestros sueños, dándoles una forma más tangible y cercana a nuestras expectativas presentes. Te parecerá igual, pero no es lo mismo decir: “cuando tenga mucho dinero, me compraré una casa grande”, a declarar: “cuando las acciones que estoy aplicando en este momento para mi negocio comiencen a generar ganancias por encima de los mil dólares mensuales, me mudaré a mi casa nueva…“

La segunda expresión, aunque un poco más larga, le da sentido y orientación al sueño de tener una casa grande. Ciertamente, habla de un asunto del futuro, porque todavía no hay una casa donde mudarse, sin embargo, hay elementos que comprometen el presente, con acciones que se están ejecutando. ¿Estoy ejecutando en realidad esas acciones? Bueno, quizás no en lo físico pero si en lo mental. Ya la sola declaración que acabamos de hacer, predispone nuestra mente para ver dichas acciones ejecutándose.

Cuando hice este ejercicio para mi mismo, inmediatamente me pregunte: ¿Qué estoy haciendo actualmente para mi negocio? Y aunque no se vea de momento, puedo asegurarles que, tengo seis meses estudiando y aprendiendo con los mejores mentores que he conseguido en Internet, para catapultar mi negocio de ventas a un nivel superior.

Reconocer esto, me permite planear mi futuro en base a hechos concretos del presente, y a expectativas reales en el futuro.

Hay quienes dirán que mi declaración sobre los mil dólares mensuales es muy ilusa, pero para mi es mas ilusorio creer que voy a comprarme una casa grande, “cuando algún día tenga mucho dinero”. ¿Qué opinas tú?

Fíjate ahora en esta frase: “Voy a buscar un poco mas de tiempo para dedicárselo a mi esposa”. Puede parecerte muy tierna o romántica, pero esta frase está desprovista de todo compromiso. No hay definición de tiempo ni de acciones concretas ¿sabe acaso este hombre que le gusta a su esposa? Creo que ni lo ha pensado.

Yo me atrevería a cambiarla así: “Dedicaré en adelante cada sábado para compartir con mi esposa de las cosas que nos gustan a ambos, como: pasear en el parque, comer en un restaurante, ir al cine, comer helados, etc.” ¿Ves alguna diferencia? Yo veo muchísima.

La falta de tiempo y de  dinero siempre se han visto erróneamente como  excusas plausibles para poner en pausa las acciones que hemos de ejecutar a favor de lo que en verdad anhelamos.

No hay más tiempo que el presente, porque no sabemos hasta que día estaremos en este mundo. En el caso del dinero, hay muchas cosas que se  pueden hacer sin el. ¿Cuántos de nosotros anhelamos en este momento de pandemia poder salir de nuestras casas e ir a caminar libremente en un parque? ¿Cuanto cuesta eso? Nos complicamos más de lo necesario. (Te invitamos a leer nuestro artículo: ViveSencillo, Vive Feliz)

Has los ajustes que creas convenientes en las dos frases que te hemos dado de ejemplo y complétalas con tus necesidades particulares: ¿Cuantos cuartos debe tener esa casa? ¿Cuantos baños? ¿Tendrá piscina? ¿Qué tan grande será esta? ¿De cuantos pisos será? ¿A dónde le gusta ir a mi pareja? ¿Qué hobbies podemos compartir? ¿Cuál es el lugar más cercano al que podemos ir con poco dinero? ¿Qué tal si salimos a ver tiendas?

Si vas a soñar, atrévete a soñar completo, no trunques el futuro pensando en lo que no tienes ahora. Concéntrate en ver lo que tienes hoy.

Te propongo hacer un ejercicio. ¿Cuantas frases similares a las mostradas anteriormente puedes construir de manera correcta? Escríbelas en un papel, y si compartes esta lectura con alguien más, háganlo en conjunto.

Recuerda que es en el presente y no en el futuro, donde podrás encontrar una zona de despegue, desde donde arrancar tus sueños.

En el pasado cercano, los negocios los hacían las personas que tenían dinero. Quien tuviese un capital por ejemplo, para adquirir una franquicia de comida rápida, se consideraba como una persona exitosa en todo sentido. Aunque estos son muy buenos negocios, sucede que a veces, como ocurrió en mi país, muchos de ellos estén cerrados al día hoy, incluso mucho antes de la pandemia.

En el mundo del emprendimiento actual, se ha demostrado con bastante firmeza, que no se requiere de mucho dinero para empezar un negocio exitoso, incluso hay quienes lo han hecho sin tener nada en sus bolsillos.

Quien emprende hoy en día, lo hace desde el punto mas cercano así mismo,  que corresponde a las habilidades y destrezas que posee.

En esta pandemia, he visto como muchas personas han emprendido negocios, y a pesar de que la economía actualmente está de cabeza, han logrado salir adelante con su proyecto.

¿Tenían mucho dinero? No. ¿Alguien los ayudó? No directamente, pero una característica fundamental del emprendimiento, es que te lleva a formarte, a evaluar todas las posibilidades de tu entorno, a conectarte con otras personas emprendedoras, y a trabajar con el corazón. Ese es el capital con el que arrancaron sus negocios, y es el mismo que tú necesitas ahora, solo debes descubrir esos recursos en tu zona de despegue.

Tú tienes el poder…

Algo parecido está en cada uno de nosotros. Dios nos dotó con talentos, habilidades y destrezas particulares, que incluso pueden estar escondidas a nuestros propios ojos.

Antes de ir, más allá del horizonte, debes primero cumplir tu propósito en Jerusalén, es decir, tu entorno más cercano. No podemos correr si antes no aprendemos a caminar.

Todo tiene su proceso, nada valioso y duradero se logra de forma instantánea.





Antes de poder enseñar a otros, yo tengo el compromiso y la responsabilidad primero conmigo mismo de aplicarlo a mi vida y luego enseñarlo con mi ejemplo a mi familia. Ellos son mi Jerusalén.

Es impensable y a la vez incoherente, que dedique tiempo para ayudar a otros en su crecimiento espiritual, y que mis hijos y mi esposa no reciban de esa misma instrucción. Debo aclarar que esto último, no implica que mi familia deba ser infalible, porque para ser sincero, yo tampoco lo soy, pero es menester, que ellos sean mi experiencia más cercana de enseñanza.

En una oportunidad Pablo le escribe a su amigo Timoteo, sugiriéndole que al escoger a los lideres de su comunidad, pusiera mucho cuidado, entre otras cosas, en la reputación que ellos tenían es sus propios hogares (1ra Timoteo 3:4). No es sencillo ser un líder, pero es más difícil ser esposo y padre, porque hay involucradas muchas mas emociones, y porque tu equipo, son las personas mas importantes de tu vida.

¿Cómo inspirar a otros, cuando no puedo hacerlo con los míos? Como dije, es incoherente, pero pasa muchísimo, debido a distintos factores, principalmente a la falta de consistencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Para explicártelo te daré un ejemplo real. Cuando escribimos los artículos sobre el enojo (Apaga El Enojo Parte1 y Parte2), muchas cosas pasaron en mi hogar y sobretodo en mi comunidad, que nos llevaron a contener las confrontaciones que surgían tanto internas como externas hacia nuestra familia. Vivimos días difíciles, donde nuestro autocontrol estaba contra las cuerdas, debatiéndonos entre darle cabida al enojo o mantenerlo sujeto.

Nos apercibimos, de que estábamos siendo probados en nuestra capacidad de ser coherentes con lo que enseñábamos, y esa revelación nos ayudó a mantenernos firmes y a salir victoriosos al final.

La vida en su totalidad nos somete a prueba constantemente, pero es el hogar donde se encuentra el laboratorio principal para desarrollar los mecanismos y estrategias que nos permitirán desarrollar los dones que Dios nos ha dado.

Reconozcámoslo o no, es más fácil perder los estribos en tu casa que en tu trabajo. Es más sencillo insultar y hasta irnos a las manos con nuestros hijos, que con nuestro jefe, por causa de una bravuconería.

No es solo para los niños que se dice que el hogar es el sitio de aprendizaje primario. Es en nuestro hogar donde primero debemos poner a prueba cada cosa que aprendemos, mucho más si es acerca de nuestro crecimiento personal. Debemos despegar desde este punto. Si tus seres queridos no pueden percibir el cambio que estás logrando, nadie más lo podrá percibir.

Es cierto, que mientras mas cercana sea la persona de ti, se siente más en el derecho de criticarte, que en el de aprobar tus logros. Posiblemente sea el caso de muchos de nosotros, pero es esta experiencia cercana la que te dará la visión mas franca (no necesariamente más real) de lo que has logrado.

En la Biblia está escrito, que Jesús vino primeramente a lo suyo, pero los suyos, no le recibieron (Juan 1:11), y a pesar de eso, el continuó con su misión en la tierra hasta el final.

Puede que las críticas sean muy fuertes al principio, que los tuyos sean los primeros en abandonarte cuando aún nada tiene sentido para ellos. Pero el único que no puede abandonar lo “suyo” eres tú mismo.

Tu familia, tus dones, tus talentos y tu fe, forman parte de esa zona de despegue que tanto necesitas para poder alcanzar tus sueños.

Pero cabe una advertencia. Una vez que despegues, es importante que no te desconectes de eso que te llevó a donde estás. En cada estación de tu vida, necesitarás volver a empezar de nuevo. Cada etapa trae su propio comienzo, y como tal, también sus complicaciones.

Es allí donde radica la importancia de contar siempre con esa zona de despegue. El éxito no puede llevarnos a abandonar aquello que nos sirvió de impulso para lograr nuestras metas.

Sé exitoso, pero mantente siempre muy cerca de lo que mas valoras. Tu familia, tus principios, tus habilidades, y tu fe, te representan a ti mismo, perder alguna de ellas en el camino, puede ser lo más contraproducente, porque a la final, te perderías a ti mismo.

No hay que olvidar de donde venimos. Debemos ser agradecidos con lo que hoy tenemos, porque siendo “fieles” a lo presente, estaremos en una mejor disposición para alcanzar lo mejor en el futuro.

Esa fidelidad, requiere compromiso de tu parte, y es la mejor manera de consolidar un futuro brillante para ti y los tuyos.

Puede que hoy, tu zona de despegue esté oculta entre mucha maleza o tal vez no está en las condiciones más optimas para arrancar, pero es un punto de partida sólido, tangible, el cual, es imposible desechar.

Tú zona de despegue la configuran las personas y los talentos con los que cuentas, y como es tu mejor capital, es lo más valioso que tienes. No olvides darle siempre el mayor valor a estas cosas, y tenerlas como prioridad.

Recuerda siempre incluir dentro de tu zona de despegue, a ese ser especial llamado Dios, que aunque no lo veas o puedas sentirlo, siempre contarás con Él para impulsarte, darte ánimo y mantenerte firme ante cualquier circunstancia.

La vida es como un gran proyecto, y como todo proyecto hay etapas que cumplir, por lo cual, no pierdas tu enfoque desde cada principio que tengas, porque en cada paso que das, estarás mas cerca del final que Dios tiene reservado para ti.

Sea que tengas el sueño de emprender un negocio, de alcanzar grandes logros profesionales, construir un hogar o de vivir una vida más tranquila y feliz; para todo eso y demás, siempre debes contar con tu zona de despegue.

No confíes en la incertidumbre del futuro, forja en cambio, un futuro más cercano con las certezas de tu presente.

Nunca olvides que los tuyos estarán siempre en primera fila para aprender de ti. Confía plenamente en que ellos serán impactados por la mejor versión de ti mismo.


Ya estás en tu zona de despegue… solo inicia el vuelo, y que tengas un Feliz viaje…


Dios te Bendiga.

 

Pastor César González

 





lunes, 27 de julio de 2020

+ positivo - negativo


Trágicamente, en la historia de la humanidad, así como en la vida personal de cada uno de nosotros, hemos tenido muchas veces que lidiar nuestras propias  batallas.

Muchos han tenido que tomar lamentablemente las armas para defenderse, mientras que otros han usado las palabras. Unos lo han hecho abiertamente cara a cara, mientras que otros lo hacen a la distancia. Otros, han encontrado aliados en sus luchas, mientras que muchos han tenido que enfrentar esas batallas sin más compañía que la propia. A muchos les ha tocado enfrentar de frente a otro ser humano, pero todos, irremediablemente,  hemos tenido que luchar más cruentamente contra nosotros mismos.

Cualquiera que haya sido el tipo de batalla que hayamos tenido que afrontar, hay una verdad que nunca podremos dejar de lado: ¡No todas las batallas se ganan!; y contrario a lo que se pueda pensar, esto es bastante bueno.

Todos los días, desde que nos levantamos por la mañana, entramos en un campo de batalla. Lidiamos con los problemas cotidianos en nuestro hogar, por darle solución y satisfacción tanto a nuestras necesidades particulares como a las familiares. Muchos aún, intentan resolver problemas que están por encima de su entorno personal. 

Desde la posición  en la que estemos; profesional, familiar, espiritual, mental y personal; un solo pensamiento nos motiva y marca para cada día: Debemos luchar por todo aquello que deseamos alcanzar…  o por lo menos eso es lo que pensamos.

Cierto que las cosas en la vida nunca vendrán fáciles, que todo tiene un esfuerzo, pero estas batallas no se reducen simplemente a alcanzar cosas tangibles. 

En el fondo, cada uno de nosotros lucha en verdad por un fin único, un objetivo intangible: La Felicidad.

¿Qué es la felicidad? De verdad hay muchísimas respuestas para ello, y dependen tan solo de lo que cada quien  espera de sí mismo y de su entono.

La felicidad es un bien intangible, que tiene muchos colores y matices. Está vinculada estrictamente a la visión de cada individuo. Pero a pesar de ser ese algo que todos anhelamos, la felicidad tiene un gran problema.

El problema con la felicidad, es que la gran mayoría, por no decir ninguno, tiene la certeza de lo que eso significa para sí mismo. Es lamentable, que aún desde niños nos enseñan o nos inducen a creer, que la felicidad está relacionada con alcanzar cosas o con hacer realidad los sueños, cuando en realidad es mucho más.

La felicidad es un algo que se construye, no es algo que se adquiere. 
Ser feliz es una decisión de todos los días. Es una batalla constante contra uno mismo. 

Alguien me enseñó alguna vez que no se puede ser feliz y tener la razón al mismo tiempo, y aunque confieso que al principio me negué rotundamente a esa expresión, mi propia batalla interna me demostró que era cierto, y allí sentí como esa realidad era inevitable. Ser feliz es un asunto de decisión.

Como decíamos al inicio, no todas las batallas se pueden ganar, y eso es completamente necesario y bueno.

Yo mismo palpé esa verdad, cuando durante mucho tiempo (no se imaginan siquiera como me puse), peleaba por tener la razón y al mismo tiempo ser feliz. Amigos, les confieso, que aunque puede que en algún momento eso se pueda lograr,  es bastante difícil. 

¿Saben cuando pude ganar esa batalla? Cuando decidí perder, aceptar que esa persona tenia la razón (y yo no), y entonces entendí que debía ser feliz.

En una oportunidad hablábamos sobre la ley del equilibrio. Decíamos que siempre que alguien gana hay otro que no lo hace, y usábamos en ese momento el ejemplo del matrimonio, porque solo uno entre varios candidatos es el indicado para llevarse a la chica.

Esa ley del equilibrio también puede aplicarse a lo interno para nosotros mismos, con un pequeño ajuste: Para ganar, hace falta perder muchas veces.

Esta frase me inspiró a escribir esta lección, y me inspiró a simplificarla para todos nosotros, en lo que me atrevería a llamar la ecuación de la felicidad

Felicidad = + positivo - negativo



Las palabras dichas por Jesús en el texto anterior, no deben entenderse como un llamado o invitación de él hacia la automutilación. Estas palabras fueron dichas en un contexto acerca del tema del adulterio.

En el texto se hace mención de cortar o sacar aquello que pueda llevarte a pecar. Por supuesto, que lo que nos hace pecar o errar no está ni en nuestros ojos y mucho menos  en las manos. Lo que nos hace pecar está en nuestras mentes, en nuestras motivaciones. 

Somos motivados erróneamente a creer que alcanzando aquello que nos provoca o nos es apetecible es una manera de lograr la felicidad. Esa frase que cita hay que darle al cuerpo lo que pida ha traído mas desgracias que alegría.

Hay varias cosas que son destacables en este pasaje. Una de ellas como lo dijimos ya, es el hecho de sacar o cortar eso que nos impulsa a cometer equivocaciones. Siempre nos podremos equivocar, eso es parte de “ser humanos”, pero hay equivocaciones que no son tal, porque se puede errar tratando de hacer el bien, pero haciendo lo malo, no podemos hablar de errores, sino más bien de malas motivaciones.

Una de las cosas que más traen infelicidad son las motivaciones incorrectas. Solemos esconder en  nosotros muchas y malas motivaciones para hacer las cosas, producto de los traumas que hemos sufrido en nuestras vidas:
 
La ingratitud, el desapego por la familia, la infidelidad, el rencor, la rabia injustificada, el irrespeto por los demás, la murmuración, la altivez, la falta de solidaridad, etc.

Eso es precisamente lo que debemos arrancar de nosotros para empezar a disfrutar de una vida plena. 

Reconozcamos, que mucha de nuestra infelicidad está relacionada con esos traumas que sobreviven en nosotros, y que nunca nos permitirán seguir adelante aunque sumemos cualquier cantidad de cosas buenas.

Es imposible tomar algo sin soltar nada. Recuerda que todos tenemos solo dos manos, pero también un solo corazón, que a veces no puede con tanto al mismo tiempo, y por eso es urgente que nos deshagamos de tanta carga innecesaria.

Muchas veces se requiere de ayuda profesional para poder salir de esos traumas, y poder avanzar en nuestras vidas, pero ningún terapeuta puede arrancar nada de nosotros, ellos solo están para mostrarnos el camino y proveernos de las herramientas.

Somos nosotros mismos los que debemos sacar la visión (ojo) distorsionada de las cosas que hay en nuestra mente, y somos también los únicos con la capacidad de cortar con las malas acciones (mano).

Para ser feliz, no es tan solo necesario sumar conocimiento y fe en Dios, se requiere también eliminar aquellos elementos que son incongruentes o incompatibles con ello.

Un deportista de alto rendimiento, por ejemplo, sacrifica muchos de sus gustos particulares (fiestas, trasnocho, comidas, alcohol, etc.) para poder dar la talla en su campo. Adicional a ese desprendimiento de cosas, debe agregar además, dietas, ejercicios, relajación, meditación, etc,

Como podemos ver, un mas siempre abarca un menos.

Hay que aprender a sumar cosas positivas y restar negativas para poder alcanzar la felicidad.

Estamos conscientes que eso de arrancar cosas de nuestra vida no es fácil, y por eso es que sugerimos que se recurra a ayuda profesional. De pronto, un buen amigo (de esos que hay pocos), que sea consciente de esta situación puede ayudar mucho, pero claramente es más difícil hacerlo solo.

Yo celebro cuando alguna persona cercana a mi entorno, hace los esfuerzos por mejorar su vida, y se traza un proyecto para hacer cambios en si mismo.

Conozco una persona, que para la vista de muchos (incluyéndome), era muy difícil que pudiera cambiar su vida como se lo estaba proponiendo. Dicha persona lamentablemente fue llevada desde muy pequeña a vivir de la prostitución. Ahora, después de muchos años de vivir esa vida, y con dos hijos a cuesta, ha decidido ir a una iglesia o darle cabida en su tiempo a escuchar el mensaje de Dios.

Muchos la tildan de hipócrita, porque aún asistiendo a la iglesia y convocando reuniones en su casa para leer la Biblia, ella sigue practicando su anterior oficio. No les puedo mentir, yo mismo me sumé a esos pensamientos,  pero la experiencia me ha enseñado a ver las cosas con otro matiz.

No somos quienes para juzgarla. ¿Acaso las personas como ella no tienen derecho a buscar su felicidad por medio de la fe?  Somos muy parcos y crueles en eso. Incluso a veces queremos ser más justos que Dios, lo cual es imposible. Nos creemos superiores a ella porque no tenemos ese oficio, pero déjenme decirles algo más, nosotros no somos muy diferentes a ella.
 
Ella al igual que nosotros padecemos del mismo problema. Queremos sumar cosas positivas a nuestra vida, pero nos cuesta (y a veces mucho) desprendernos de lo negativo en nosotros.

No podemos hacer de malabaristas, tratando de llevar tantas cosas con las mismas dos manos. 

Debemos aprender a soltar lo negativo, para poder sumar lo positivo.



La regla es simple, es una ecuación sencilla, y no es complicada de aplicar en la realidad. Pero si es muy dolorosa.

Restar de nosotros lo negativo es más doloroso que difícil. 

Estamos tan acostumbrados a comportarnos y a pensar de una forma específica, durante mucho tiempo y por causas muchas veces tan justificadas; que sentimos que todo esto que llevamos dentro, está tan incrustado en nuestros huesos que si lo quitamos podemos morir en el intento.

Por otro lado, está la otra posición, donde la persona no esta consciente de que debe hacer esos cambios e intenta fallidamente en mejorar su vida. Todo tiene su causa y efecto. Si hacemos o dejamos de hacer algo, eso producirá un resultado determinado. Nada es casual.

Por eso, aunque duela, hay que tomar decisiones que a veces resultará en perder algunas batallas, y algunos soldados también.

Tomemos como ejemplo de esto, la amistad dentro del plano de las relaciones personales.

Para poder sumar buenas amistades, lamentablemente habrá que deshacernos de  algunas otras. Digo esto, no porque haya un número determinado de amigos que podamos manejar, solo que hay amistades que por fidelidad nuestra, por tiempo, y por lástima (perdón por usar esa palabra), hemos conservado con nosotros a pesar de lo tóxica o negativa que esta pueda ser.

Por favor, no quiero ser malinterpretado. Estoy convencido que todos tenemos algo bueno que ofrecer, pero no todo el mundo puede pertenecer a nuestro circulo intimo. Eso me costó entenderlo a mi mismo, por lo cual, se de que estoy hablando.

Cada quien conoce el tipo de persona que le acompaña. Sabemos quienes nos son fieles (muy valioso) y quienes no. Por otro lado, hay quienes a pesar de no aportar aparentemente nada a la relación de amistad, son personas que están allí para aprender de nosotros, y eso no está mal, porque considero que siempre debemos estar abiertos para ayudar a los demás. Pero hay otras que hay que mantener fuera de ese círculo íntimo, porque muchas veces no nos ofrecen esa garantía de fidelidad y de comunión que debe haber entre amigos, e incluso pueden llegar a entorpecer cualquier otro vinculo que tengamos.

Debemos estar dispuestos a renunciar a ese tipo de personas para poder construir amistades fuertes y verdaderas para toda la vida, sin caer por supuesto en el menosprecio. Hay amistades para todo nivel, algunas deben estar más cercanas que otras.

En el campo personal, son muchas mas la cosas que hay que sacrificar y perder para poder ganar lo mejor.

Como decía anteriormente. No es suficiente con que vayas a una iglesia, que tomes cursos de crecimiento personal, o que te anotes en clases de yoga.

Todo esto son acciones positivas que necesitan urgentemente ser acompañadas de una renunciación. 

Si vamos a la iglesia todos los domingos, pero mantenemos un conflicto con nuestros vecinos, no nos estamos ayudando mucho. Si tomo clases de crecimiento personal, y no resuelvo mis problemas de  autoestima, tampoco voy a lograr gran cosa. 

Todo lo que amerita crecimiento, implica sacrificio. 

Creo que  la profesión más difícil de desempeñar es la del psicólogo. Ellos durante sus estudios, aprenden infinidad de herramientas y adquieren mucho conocimiento para poder ayudar a otros a sobrellevar sus problemas. Pero como bien reconocen, todos tenemos traumas, y ellos mismo son seres humanos propensos a problemas emocionales, por eso, entre ellos mismos se apoyan y se consultan, porque nadie es infalible.

De allí precisamente se demuestra, que la felicidad no es “algo” que “alguien” pueda otorgarnos. La felicidad dependerá únicamente en la forma en como sumamos elementos positivos a nuestra vida, y como restamos aquellos que nos entorpecen.

Ser feliz es una decisión de cada día, y es también una batalla, donde muchas veces es necesario perder.

Perder no es del todo una palabra mala o negativa. 

Se deben perder los dientes de leche para que vengan los de hueso. 

Hay quienes pierden un avión y se han salvado de un accidente. 

Perder un matrimonio, puede llevarte a tener una relación nueva con mejores expectativas.

Hay quienes perdiendo una batalla, consiguen ganar una guerra.

Y otro ejemplo, que bien conocemos los hombres casados: Perder en una discusión con tu esposa, puede salvarte la vida o que duermas en el sofá :)

En definitiva, hace falta perder para poder ganar.

Dios Padre, sabe muy bien lo que es perder. Él sacrificó la vida de su único hijo (Cristo), para obtener muchísimos más en la humanidad. Dios es el ejemplo fidedigno de que para obtener algo mejor, debemos renuncia aún a aquello que más amamos o a lo que estamos mas apegados.

Puede que el orgullo, la altivez y la vanidad, alguna vez pudieron ser importantes y relevantes para ayudarnos a vencer algunos problemas del pasado, pero si no renunciamos a ellas, despreciamos la oportunidad de amar con libertad y sin prejuicios.

Causa y efecto, es lo más cercano a entender esa ecuación de la felicidad de la que hemos hablado.

Sumar mas en lo positivo, mientras restamos más en lo negativo, crea el balance para poder ver reflejados los cambios en nuestras vidas.

Esa es la explicación del porque muchos iniciaron un camino de redención personal, concluyeron totalmente derrotados.

Los recuerdos de un mal matrimonio, pueden ser reemplazados por recuerdos mas frescos y agradables de una relación sana. Eso aplica para cualquier mal recuerdo. No es solo tratar de olvidar lo malo, se requiere también tratar de recordar lo bueno para poder ser restaurados.

Un alcohólico regenerado, no solo necesita dejar de beber (- negativo), también requiere fortalecer (+ positivo) su sistema de valores, es por ello, que parte de la terapia a la cual son sometidos, incluye la adhesión de conocimiento espiritual. Esto último ha sido la clave para abordar este y otros temas, como el asunto de las personas que se encuentran en prisión.

Solo la renunciación a lo negativo acompañada de la inclusión de lo espiritual puede rescatar verdaderamente a un adicto en todos los sentidos.
 

Perder o renunciar a algo puede ser la mejor opción en algún momento de nuestra vida.

En contraposición al dolor de perder, se encuentra el gozo y la alegría de ganar.

Sumar positivo siempre será motivo de satisfacción, pero como ya dijimos anteriormente, esos triunfos o victorias nunca serán completos y perfectos, sino estamos en la disposición de renunciar a aquello que nos hace un contrapeso. 

Un globo, debe soltar pesos para poder ascender, mientras que un submarino debe ganar peso para poder ir mas profundo.

Ese a mi parecer es la representación ideal de lo que el peso de los elementos negativos en nuestras vidas puede producir. 

Yo animo a la gente a que se prepare. El conocimiento siempre suma en vez de restar.

En estos tiempos de cuarentena, mi esposa y yo nos embarcamos en una de aprender y prepararnos en todo aquello que nos gusta o que deseábamos saber. Desde leer libros, hasta lo de hacer cursos virtuales, ha sido nuestra ocupación del día a día. Incluso, gran parte de lo que hemos aprendido en este tiempo, lo hemos reflejado a través de estas lecciones, pero muchas otras cosas, se mantienen para nuestro uso personal. Lo importante es que todo lo que estamos haciendo, busca sumar en positivo, ayudándonos por ejemplo, a descontar lo negativo de la situación, como: el aburrimiento, el hastío, la monotonía, la ociosidad, y pare de contar.

A veces estudiamos en pareja, otras de manera individual, y muchas de manera mixta. El asunto es que aprendimos a sumar en un momento donde es mas fácil restar. 

De nada sirve que agreguemos conocimiento a una mente llena de quejas, lamentos o frustración; porque a la larga, todo ese saber pierde la fuerza, para poder penetrar la barrera causada por lo anterior. 

Si no hacemos un esfuerzo para renunciar a todas esas emociones, será muy difícil sacarle provecho al tiempo invertido en estudiar. 

El conocimiento no lo es todo, sin una buena actitud.

Romper la barrera de esas cosas negativas en nosotros, solo es posible con la ayuda de Dios, y de entender que esto es un proceso que se debe vivir paulatinamente, y por etapas.

Todo lo que hemos planteado acá, no es invención nuestra, de hecho, es resultado de experiencias propias y ajenas.

Sumar positivos y restar negativos, nos corresponde hacerlo a cada uno en particular. 

Uno de los secretos del éxito de nuestro matrimonio, es que mi esposa y yo hemos entendido esa ecuación. Aun mucho antes de la pandemia, siempre nos hemos enfocado en aprender para enseñar, y en el camino,  nuestras vidas se han ido transformando para bien en el proceso. 

Lo bueno de hacerlo juntos es el hecho de poder estimularnos mutuamente para que lo aprendido pueda ser más fácil de desarrollar. También implica, que los sacrificios pueden ser compartidos y las perdidas sean menos dolorosas,  porque el otro estará allí para entender tu proceso y te apoyará en amor, recordándote que la recompensa es mucho mejor.

Sumar valores en cada estación de nuestro aprendizaje, nos ha traído maravillosos resultados, como pareja, como padres y como personas.

Hemos añadido fe a todas nuestras palabras, y esas palabras las hemos respaldado con acciones correctas. Lo mejor de todo, es que de forma automática, dichas acciones, nos han permitido agregar personas de mucho valor a nuestras vidas, así como también, nos ha permitido disfrutar de buenos momentos. 

Pero no todo ha sido sumar.

En el camino, también hemos perdido mucho. Algunas cosas nos han dolido mas que otras, y otras aún nos duelen. Es como esa vieja cicatriz que de vez en cuando te molesta para recordarte por todo lo que has pasado.

Las perdidas mas dolorosas comprenden las personas que ya no están contigo, porque simplemente ya no pueden estar o porque decidieron irse. En ambos casos entendimos que todo tiene un propósito, y sabemos, que Dios tiene el control y cuidado de todos nosotros.

Aunque ya sana esa herida, de vez en cuando molesta, pero para bien.

Por eso, no me cabe la menor duda, de que no hay nada mejor que conseguir un compañero de viaje que esté a la par contigo y tenga las mismas motivaciones. Lamento que todavía algunos no  lo hayan conseguido aún, pero estoy seguro que debe estar mas cerca de lo que ellos creen.

Esto de sumar positivo y restar negativo al mismo tiempo, puede tornarse un poco obsesivo, pero te aseguro que una obsesión buena.

Ya para finalizar, necesito recordarte que la felicidad es una decisión de todos los días. Que solo tú tienes la forma de hacer que esta ecuación funcione para ti.

Esfuérzate por sumar alegrías y restar tristezas (imposible eliminarlas todas) .

No te llenes de preocupaciones, antes bien, provéete a ti mismo de momentos de distracción y descanso.

Resta un poco de ociosidad, y aprovecha el tiempo de tal forma que no necesites de más para cumplir tus obligaciones, y no tengas así que restárselo a tu familia.

Prepárate todo lo que puedas, sobretodo para ser una mejor persona de lo que eres ahora, pero eso sí, empieza a restar todos aquellos hábitos que obstaculizan tu crecimiento.

Si necesitas ayuda, pídele o búscala en los lugares y con las personas correctas.

Para cerrar, quisiera comprometerte en dos (2) actividades muy sencillas que te propongo hacer para reforzar un poco más, todo lo que hemos aprendido en esta lección:

Toma una hoja y anota cada frase que se encuentra intencionalmente resaltada en negritas, para que luego la pongas en un lugar visible donde todos los días puedas leerlas, y así ayudarte a reprogramar tu mente. 

Toma otra hoja, y divídela verticalmente con una raya en el medio. A la izquierda colocaras todas aquellas cosas positivas que crees tú debas agregar a tu vida, y del lado izquierdo coloca todas las negativas que piensas debes descartar de ella. No es necesario que la pongas en un lugar visible, pero si es bueno, que puedas tenerla a la mano para ir evaluando tu propio avance. Esto permitirá que puedas verte a ti mismo con sinceridad y que te haga consciente de trabajar por tu felicidad.

Ser Feliz te corresponde lograrlo a ti. Nadie más lo puede hacer.

Suma positivos y resta negativos, y todo será mucho más fácil.

Dios te Bendiga 

Pastor César González